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Checklist de salud web para pymes: las 8 comprobaciones de septiembre

Lectura de 8 min · Actualizada el 13 de agosto de 2026

Septiembre es el mes en que las pymes vuelven a mirar su negocio con calma: se revisan precios, proveedores, horarios — y casi nunca la web. Es un descuido comprensible: la web «estaba bien» en junio, y nada avisa cuando deja de estarlo. Pero un verano da para mucho: un certificado que caduca en agosto, unos horarios que se quedaron en versión julio, una actualización que descolocó la página de contacto.

Esta guía es una lista de ocho comprobaciones concretas — la mayoría de dos minutos, ninguna técnica — para saber cómo ha salido tu web del verano. Al terminar sabrás si puedes dedicarte tranquilo al resto del trimestre o si hay algo que corregir antes de que te cueste clientes.

Por qué justo en septiembre

Dos razones, y las dos son de negocio. La primera: el verano es la temporada alta de los descuidos silenciosos. Las webs no se rompen con estruendo — se les caduca un certificado un martes de agosto, se les queda un aviso de «cerrado por vacaciones» hasta noviembre, y nadie en la empresa entra a mirarlas porque nadie las mira desde dentro.

La segunda: tus clientes también vuelven en septiembre. Vuelven a buscar, a comparar y a pedir presupuesto — y lo primero que verán de ti probablemente no sea tu local ni tu teléfono: será tu web y tu ficha en Google. Que ese primer vistazo esté en orden no depende de la suerte; depende de haberlo comprobado. Eso es esta lista.

Las 8 comprobaciones, una a una

1 · El candado: tu web abre y es «segura»
Entra en tu web y mira el candado junto a la dirección. Si el navegador dice «no es seguro» o avisa del certificado, tienes el problema más urgente de la lista: muchos visitantes se irán sin pasar de ese aviso. Los certificados caducan solos — agosto, sin nadie mirando, es su mes favorito. Se renueva desde tu hosting, normalmente en minutos.
2 · Búscate en Google como te buscaría un cliente
En una ventana de incógnito, busca tu negocio por su nombre y luego por lo que haces y dónde («fontanero en [tu ciudad]»). ¿Apareces? ¿Sale tu web, o solo directorios que hablan de ti? Si tu propia web no aparece ni buscando tu nombre exacto, hay un problema de indexación que conviene diagnosticar — no adivinar.
3 · Lo que Google enseña de ti: el titular y la descripción
En esa misma búsqueda, lee el resultado de tu web como si no fuera tuya. ¿El título dice qué haces y dónde, o dice «Inicio»? ¿La descripción invita a entrar, o es un trozo de texto cortado al azar? Ese pequeño anuncio gratuito es la primera impresión de cientos de clientes; merece decir algo con intención.
4 · Horarios, teléfono y dirección — versión septiembre
Comprueba tus horarios en la web Y en tu ficha de Google: el horario de verano tiene la mala costumbre de quedarse para siempre. Verifica que el teléfono de la web se puede pulsar desde un móvil y que suena donde tiene que sonar — y mándate un mensaje de prueba desde tu propio formulario de contacto. Si ese mensaje no llega a tu buzón, llevas sin saber cuántos clientes escribieron desde julio.
5 · Ábrela en tu móvil, con datos
No con el wifi de la oficina: con datos móviles, que es como te ve la mayoría. ¿Carga en pocos segundos? ¿Se lee sin hacer zoom? ¿Los botones se pueden pulsar con el pulgar? Una web que en el ordenador de la empresa va perfecta puede ser una prueba de paciencia en un móvil de gama media con cobertura normal.
6 · Cronometra la carga — de verdad
La velocidad se nota antes de poder explicarla: cada segundo de espera pierde visitantes, y Google la tiene en cuenta. No hace falta intuición — hay medida objetiva y gratuita (Google PageSpeed, o el análisis de esta casa, que la incluye). Si tu web tarda más de lo que tú mismo aguantarías en la web de otro, ya tienes la respuesta.
7 · Lee tu web con ojos de septiembre
¿Sigue siendo verdad todo lo que dice? Precios de la temporada pasada, servicios que ya no ofreces, la promoción de junio, el aviso de vacaciones que nadie quitó. El contenido desactualizado no solo confunde: erosiona la confianza — quien detecta un dato viejo se pregunta qué más estará sin actualizar.
8 · La prueba del zoom y de las imágenes
Amplía el texto de tu web (Ctrl y +) y comprueba que sigue siendo legible y usable. Mira si tus imágenes importantes tienen descripción (tu diseñador sabrá si llevan «texto alternativo»). Es accesibilidad: lo correcto para que todo el mundo pueda usar tu web — y de paso, una web más clara para todos tus visitantes, también para Google.

Si algo ha salido mal (o varias cosas)

Que aparezcan dos o tres puntos flojos es lo normal, no una catástrofe — la diferencia la marca el orden: primero lo que espanta visitantes (el candado, el formulario roto, los datos falsos), después lo que los frena (velocidad, móvil), y por último lo que pule (descripciones, accesibilidad). Casi todo lo de esta lista lo puedes corregir tú o quien hizo tu web con indicaciones claras.

Y una alternativa honesta al cronómetro y al incógnito: estas ocho comprobaciones son exactamente los ocho factores que mide una auditoría de salud web. Nuestro analizador gratuito los revisa todos en unos 60 segundos y te dice, con puntuación y prioridades, por dónde empezar. Es la versión medida de esta misma lista — y funciona igual de bien en enero, que es la otra época en que conviene repetirla.

Lo que esta lista no puede prometerte

Ninguna comprobación de septiembre te garantiza clientes ni posiciones en Google — miden tu web, no controlan el mercado. Lo que sí te dan es algo que ninguna intuición da: saber, con datos y no con sensaciones, que tu escaparate digital empieza el curso en condiciones.

Un centro de estética real pasó de 64 a 99 de salud web con ese mismo criterio: medir primero, corregir con orden, verificar después. No es magia ni promesas — es método, y está documentado.

Ver el caso HERA'S: de 64 a 99 →

Las 8 comprobaciones, medidas en 60 segundos

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